Dominio de autoridad moral, y con dominio me refiero a esa
palabra leguleya que significa derecho de propiedad y no a la más docta y
disciplinada gestión de sus impulsos mediante el raciocinio y la introspección
de los actos propios y observados que nos llevan por el camino menos tortuoso
tanto para uno como para los demás ( y aquí incluyo animales de toda índole
desde bichos hasta humanos) y es que pretendo salvarnos del dominio público de
los mass media, de las tendencias o de todo lo políticamente correcto que sólo
sabe imponer como dictador enloquecido pautas de conducta.
Que a través de la historia estas pautas han cambiado o se
han impuesto según la evolución natural de los pueblos, creencias, religiones lugares
físicos que con sus rigores climáticos han terminado por imponer sus leyes a
costa de sangre. frío y sudor. La historia moral del mundo ha sido tan diversa
como pueblos, lenguas, y personas han pisado esta tierra que sólo por ahora,
este espacio temporal que nos ha tocado vivir, es nuestra.
Y ha tomado tiempo para cada una de esas personas
pertenecientes a cada comunidad, secta o lo que mejor les parezca o en su
defecto hayan nacido dentro de ellas sin posibilidades de renuncia; ha tomado
tiempo conformar una idea , vivirla y protegerla, conservarla y darla en
herencia como una virtud tal vez, lo cual no las deja exentas de locura pero
siempre expuestas al dialogo con lo opuesto, con lo otro, con el pueblo de al
lado, con sus propios corazones solitarios que podían gemir en lo más profundo
de sus entrañas, diciendo o sintiendo que no estaba bien ese supuesto bien
supremo que había aprehendido desde sus primeros años de vida y al final te
quedaba o les quedaba la sedición, la unión con otros corazones que palpitaban
igual o más fuerte que el suyo propio y así dar comienzo a algo nuevo a otra
forma de ser y de sentir y de relacionarse con su entorno y sus frutos y dar
forma a nuevos mundos y sociedades y era evidente que el ejercicio de la moral servía
como base para construir imperios, ciudades, estados y familias, grupos de
amigos y relaciones amorosas que podían ser en sí mismas un entramado de
códigos conductuales tan diversos que si acaso y por las dudas era posible sentir
la ilusión de la libertad.
Y ahora, ¿qué nos queda? Un dictador global que impone
rompiendo los cursos naturales del tiempo y el espacio, por igual y sin
discriminación, de una manera democrática y justa mes a mes, día a día la orden
tácita de una manera correcta, de un imperativo social, emocional, afectivo, esa
voz dice, como un gran hermano que nadie puede siquiera suponer, la manera
correcta de amar o de olvidar, la manera correcta de cantar o de qué cantar y cuándo
y dónde, y la manera perfecta de vivir( cómo comer, cagar, follar, trabajar,
aprender, etc, etc, etc ) un dictador que se alimenta de nuestra más notable
debilidad, las ganas inmensas de ser valorados, pobres de nosotros buscando
consuelo día a día en los ojos del gran hermano, sedados por el Soma publicitario
de este mundo feliz, global, demencial olvidado por completo de la negatividad
que supone lo opuesto. Vivimos la apariencia no la vida, intentemos lo
imposible, demos marcha atrás voluntariamente hasta el punto en que cada uno
tenía o mantenía viva la ilusión de la libertad, y así vivíamos y así
seguíamos.
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