viernes, 1 de mayo de 2020

Cuatro años a bordo de mi mismo - Eduardo Zalamea Borda


Cuan vano es sentarse a escribir cuando aun no te has levantado para vivir.Esta frase del célebre filosofo naturalista y anarquista estadounidense Henry D. Thoreau, que exhorta primero que todo a la vida para así tener algo que decir, parece ser, sin poder asegurarlo de ningún modo, la manera de pensar frente a la escritura del Joven escritor Bogotano Eduardo Zalamea Borda. Joven en el momento de escribir esta novela, que apenas con veinte años, ya se había levantado para vivir las aventuras de la existencia y hacer de su propia vida una novela digna de ser contada. Siendo apenas un niño de diez y seis años parte de la fría Bogotá  sin saber muy bien a donde llegaría pero con la certeza de que sólo así ganará experiencia de vida y valdrá la pena existir. Resulta ser la Guajira ese destino para el cual ha embarcado, que no tiene otro objetivo mas que estremecer la insoportable quietud, el mutismo de una vida ya desde antes establecida, esa vida de hombre de la ciudad que ha nacido para la obligación y no para la molicie, puerto de todo hombre que se posee así mismo.



Una noche de enero parte con menos de 60 pesos en el bolsillo, un equipaje tan ligero como sus preocupaciones y las lágrimas,pocas, heroicas y viriles, en su corazón. Ha dejado a la madre, a la ciudad que le dio sus primeras lecturas y la visión de las primeras mujeres, que le hicieron presentir las futuras delicias que lo aguardaban. Este aventurero sale rumbo a Barranquilla en tren, se adentra en los campos verdes de las afueras de la ciudad, mientras esa fría Bogotá se vuelve nada más que nostalgia y recuerdo. No sabe si algún día volverá. Lo acompaña la soledad, qué mejor amante y compañera de viaje, que hombre con suerte por tan bella musa. Además unas cuantas parejas de recién casados que se intentan amar desesperados en la oscuridad de los vagones noctámbulos. Ya en puerto Colombia espera temeroso bajo la bóveda oscura de un cielo aterrador la goleta que lo embarcará rumbo a Riohacha. Me ha fascinado de tal manera esta obra que me dejo llevar y querer contarla, letra a letra, pero sé que no debo, que para ustedes debe ser una lectura personal, llena de incomodidades y alegrías, donde podrán atesorarla u olvidarla. 

El personaje que nunca nos devela su nombre es evidente que es el propio autor como su biografía nos deja muy claro. En un momento cuando está a punto de partir de Santa Marta hacía la guajira, se despide románticamente del mundo civilizado. Abandonaré la vida civilizada,construida sobre la endeblez de los ruidos que se quiebran. Frases de esta belleza poética, colman la narrativa de Zalamea cuando es el propio personaje quien piensa, sueña, habla o canta. Demostrando su capacidad literaria y al tiempo libertaria y poética. Ilusa vida en espiral de ideas y en ángulos de humo. y unas líneas más adelante. ...Con gramáticas y retoricas y sintaxis. Como si la vida tuviera una forma, como si no pudiéramos elegir nuestro propia camino. ...Con tinterillos, ingenieros, trotamundos, bailarinas, rufianes, tratantes, monjas, chóferes, petroleros. Vida a pesar de todo amable. Pero no suficiente, de ninguna manera un hombre libre, libre de toda mediocridad, puede aceptar ser uno de esos, con profesiones y halagos, y concupiscencias absurdas, destinitos mediocres de aquellos que solo saben hacer y ejercer lo igual: lo mismo que los demás. Porque en eso consiste la mediocridad. No hay un camino qué seguir, eso se lo dejamos a los superfluos y mediocres, como definiría Nietzsche en su Zarathustra y por el contrario nos queda la belleza de embarcarnos a bordo de nosotros mismos como un superhombre que ha trascendido los convencionalismos y las obligaciones obtusas y desesperantes, desesperanzadoras y desalentadoras. Este viaje que recorremos con este buen hombre durante esos cuatro años es un itinerario inalienable, inasible, poético y como consecuencia libertario.



Eduardo Zalamea hombre que intentó suicidarse supongo por la nostalgia de la belleza vivida y que suponía irrepetible, como hombre valiente y libe que supo ser. Lo intentó sentado en la mesa de un bar, con una bala que cruzó su cuerpo de lado a lado. Intentó conservar en un cofre muerto los tesoros de su juventud y pese a todo le tocó terminar de vivir su vida con la hermosura estética de las pasiones perfectas ya vividas. Esa sensación liminal de un hombre en estado de transición pero que nunca se completa. Luego de una aventura intensa y llena de significado, como un amor apasionado, entregado y sincero a flor de piel que nunca, pero nunca te permite volver a amar aunque lo desees con honestidad.

Esa es la vida deseada, la del hombre consciente de sus posibilidades, que son todas. La vida que no se contenta con lo que le han dado como capital de inicio. La vida del hombre que le da la espalda a la familia, al amor, a la sociedad, a los imperativos, a las obligaciones y a todas las rutas conocidas para entonces y ahí sí de una manera perentoria comenzar a existir.

Nuestro aventurero, parte de Bogotá, se embarca en puerto Colombia, luego de una calma tensa en alta mar un huracán desaforado lo arroja al puerto de Santa Marta junto a sus compañeros marineros, para luego continuar el viaje hacía Riohacha y de ahí el comienzo de la vida silvestre y pura en el Pájaro, donde se enfrenta a la seducción de las indias y a la muerte, la valentía de la vida desesperada. Luego el trabajo lo lleva a Manaure donde conoce a Khumare una india que le da su amor, en medio de un desierto triste pero lleno de vida, con esa honestidad que solo los hombres y mujeres que no conocen las abyecciones del mundo civilizado saben obsequiar. Y al final está Bahíahonda, el lugar donde el hambre casi lo aniquila y donde vuelve a sentir el hastío y la fatiga la quietud y la inmutabilidad. Cómo sobreponernos a lo que supo ser una aventura y luego termina convirtiéndose en la desfachatez de una vida ya conocida? para seguir avanzando con nuestra vida hay que aprender a despedirnos, y cuidar de sobrellevar la liminidad para no añorar demasiado. El ocaso es tan necesario como el alba. Para renacer hemos nacido. y al final morir. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Vagabunda Bogotá - Luis Carlos Barragán

  Un viaje desquiciado al vacío con guiños surrealistas a un futuro y una realidad desconcertantes. Luis Carlos es un tipo, un tipito bast...