Un viaje desquiciado al vacío con guiños surrealistas a un
futuro y una realidad desconcertantes. Luis Carlos es un tipo, un tipito
bastante joven. Amanerado, inteligente y enamorado de Mario. Mario es sujeto
brillante, una mente prodigiosa que logra pasar a la universidad en la estación
espacial Urano. La historia es simple: dos jovencitos intentan saciarse
mutuamente, se besan y hacen el amor con ese ímpetu envidiable de la
adolescencia. Todo es unas ganas de atragantarse con el otro, de engullirlo y
dejarse morir con una pasión en medio de la garganta. Pero solo es uno el que
muere, el otro pasará a formar parte de un grupo selecto de estudiantes
brillantes. Luis Carlos es artista plástico, es decir: Luis Carlos Barragán,
Bogotano y autor de esta novela. Y también Luis Carlos el personaje principal
de esta historia estudia artes y se pasea por Bogotá y por Medellín y por el
espacio sideral. Por su estilo narrativo desviado y afluente que desborda la
imaginación pero nunca la historia este tipo de novelas son las que más me
provocan, me incitan a escribir. Pero bueno, hablemos de la historia. Me gusta
bastante su capacidad de transitar libremente por las posibilidades infinitas
de un mundo literario que aunque fantástico nunca se ve infantil. Y eso es una
virtud enorme, porque la realidad esta que habitamos aunque estemos convencidos
de su cualidad estática e inmutable, histórica y físicamente y digo convencidos
porque en nuestra realidad cotidiana no hay espacio para la metafísica como no
sea la siempre cancina y burda religiosa. Entonces, sabemos que la realidad es
mucho mas; lo intuimos; pero terminamos enfrascados en las mismas fórmulas de
siempre y las nuevas le pertenecen a unos pocos seres brillantes que intentan
conquistar nuestras mentes supersticiosas cada día. Así pues, me permito viajar
con Luis Carlos de cuerpo en cuerpo pero con la consciencia intacta y no solo
de cuerpo en cuerpo sino de estrella en estrella porque este tipo quiere volver
a ver a Mario como sea, quiere saber por qué putas Mario desea saber tanto,
estudiar tanto si la vida igual no tiene sentido. Y Mario response, que el
único sentido posible de su existencia es saber lo más que pueda de física postcuántica
y que si no de qué sirve vivir. Como el mismo Luis, que si no pudiera leer o
hacer arte nada tendría sentido. De este tipo de fatalidades se compone esta piececita
maravillosa de la narrativa colombiana contemporánea, ganadora del concurso de
la cámara de comercio de Medellín en el año tal y por tal motivo. Lo
interesante es la posibilidad de explorar las pasiones humanas que seguirán
vigentes aun en mundos donde se estudie en una base espacial a millones de años
luz de la tierra o donde los objetos cobran una capacidad animada pero nunca
extraña porque en ese pequeño mundillo todo eso es posible de una manera
sobrecogedora y auténtica. Y al mismo tiempo se permite el autor explorar la
finalidad del hombre, es decir nuestro destino. Seremos hombres del espacio con
capacidades mentales expandidas pero enamorados y carnales en nuestro futuro
inmanente? O iremos dejando lo humano a un lado y nos defecaremos a nosotros
mismos y de nuestra inmundicia nacerá algo nuevo que no vamos a poder llamar
bajo ninguna circunstancia o convención humano.
Dejando de lado la historia, y pensando nuestras
posibilidades como especie, esto es lo que me resulta interesante de la ciencia
ficción, que es una pregunta abierta sobre nuestra esencia pero también sobre
nuestras posibilidades transhumantes.
Y creo que es muy factible que abdiquemos de nosotros mismos
para dar paso a un ser mucho mas eficiente, menos poético y desorientado que el
hombre moderno. Y no es que esté dichoso con que sea de esa manera pero hay
varias cuestiones de nuestra manera de comportarnos unido a los avances
tecnológicos que bien podrían resultar en un futuro ser mas acoplado a los
moldes sociales, que por su eficiencia sea feliz y se haya olvidado por
completo de cosas tan ineficaces, inoportunas y contraproducentes como el amor
o el placer. La cuestión es mejorarnos como especie pero la dirección de ese
mejoramiento la dará el curso de la historia y si no hacemos algo ese destino
será la productividad y la eficiencia industrial y social.
Personalmente elegiría el mundillo de vagabunda Bogotá,
elegiría un futuro desconcertante, díscolo y apasionado a pesar del vacío
persistente, porqué qué más puede ser la eficiencia que la negación absoluta
del vacío? Es decir, en un mundo dónde todo tiene un por qué y una razón de ser
no hay cabida para cosas tan volátiles como perseguir a un amor a través del
espacio intergaláctico y si no podemos perder el tiempo viviendo entonces para
qué hacerlo, si no puedo perder mi vida con la literatura para que me sirve la
eficiencia.



