lunes, 17 de febrero de 2020

Serotonina - Michel Houellebecq


Una lectura para encontrar el sentido de la felicidad en contraste con el sentido de la felicidad occidental, mucho más entregado a la inmediatez, al orgasmo vacuo desprovisto de plenitud, así pues, Tenemos a un yupi, el eterno personaje de Houellebecq, en este caso Floent-Claude Labrouste, y como de costumbre cuarentón, un punto de partida en cada novela del autor Frances, supongo porque a esa edad comienza la decadencia de todo sujeto y no hay nada que se pueda hacer para ocultarla, nisiquiera ser un yupi con todas las ventajas competitivas del salvaje mercado humano,a esa edad un hombre ya ha valido, sus réditos se han materializado en una jugosa cuenta bancaria y además goza de un éxito considerable dentro de su profesión, punto este además bastante importante porque de él dependerá el resto de su vida, que pretende eterna o al menos que podrá dejar un legado, algo importante para la posteridad, y ese es creo el engaño tácito que nos permea como esponjas dóciles a todos los que vivimos en estas sociedades industrializadas hasta lo insaciable, con su lógica de devoración y consumo y claro con la desviación del sentido de la existencia en si misma, es decir, se vive para ganar, alcanzar metas, conquistar estadios cada vez más elevados dentro de una sociedad mediocre, que homogeniza los sueños, los placeres ( en este caso permitirlo todo es una homogenización) y la vida, las opiniones pueden llegar a ser tan predecibles que sabemos que no están ligadas a un proceso de interiorización intelectual sino más bien a la puesta en marcha de un discurso creado a pulso para generar idiotas libres, y vaya con el tema de la libertad, jugoso negocio, confundirnos tanto con el sentir y el uso semántico de la palabra que ya se puede creer que la libertad es subjetiva que hay tantas como posibilidades hay en el mundo, y vaya, resulta que esa es la propuesta mercantil que rige el mundo, la libertad de elegirlo todo, siempre y cuando elijas dentro de las posibilidades y que no se te ocurra una nueva, en fin, elije y serás feliz, para dictar la moral del mundo.



Hacia donde nos lleva toda esta presión, esta carga desmedida de pequeños placeres obligatorios, hacía la depresión, un problema cada vez más evidente en la sociedad contemporánea, una problemática que se lleva la vida de muchas personas al año, sujetos que parecen decepcionados de la vida pero que cargan con mucho más que eso, no es tan interesante la persona depresiva, haciéndolo ver como un asunto de introspección intelectual, es tan común esta patología porque recae no sobre personas sombrías que de tan inteligentes han perdido el sentido de la vida sino más bien,recae,sobre personas que adoran el sentido social de la vida y que o bien lo han logrado todo menos la plenitud o al contrario no pudieron lograr nada incluida la plenitud.

Parece que Houellebecq nos está intentando decir algo esta vez, que la cosa no es tan seria, que la vida no es tan complicada ni sofisticada como hemos querido inventar, que además somos animales comprobadamente sociales pero sobre todo que tenemos habilidades comunicativas y de fraternidad que son básicas y que pueden verse en su mejor expresión en una buena amistad o en una relación de pareja que puede ser una manera perfecta de soledad, porque no son mas de dos y es suficiente para desarrollar esas habilidades humanas que son necesidades básicas, así pues la felicidad podría ser saciar esas pequeñas necesidades que sólo pueden generar plenitud, y la plenitud es el acallamiento de la bestia que siempre quiere más.

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